EXPERIENCIA PERSONAL
Llevo cuatro días en Carmen de Arnas disfrutando como bien dice a la entrada de la casa de un cuento romántico; de un cuento romántico en el más amplio de los sentidos: he detenido mi agitada vida, la he paralizado y suplantado por un conjunto de actividades y quehaceres que ya había olvidado, pasear en bici como hacía tanto tiempo que no sabría ni decir cuánto, ir a comprar el pan recién hecho a una pequeña panadería que curiosamente todavía huele a pan, disfrutar desde el patio exterior de un cielo grisáceo surcado de estrellas, ¡Que sencillez tan lujosa!. También he descubierto nuevas sensaciones que no conocía como el maravilloso mundo de los barrancos, cuando desciendes por el río sólo puedes pensar en lo afortunado que eres por poder estar allí.
Hoy ha sido mi último día aquí y he ido a Barbastro, cabecera de toda esta comarca y del Somontano a compra algo de vino para la familia, pero lo que allí he descubierto ha sido un sitio realmente increíble y desconcertante: La frutería-bodega del Vero, me ha asaltado por la calle casi al llegar a La Plaza del Mercado.
He parado a admirar una curiosa exposición de frutas y hortalizas frescas, setas y caracoles sin pensar que allí iba a encontrar el restaurante que andaba buscando. Era el colofón a mi estancia en Carmen de Arnas. Entro a curiosear y huelo a antiguo colmado, a queso del bueno, a jamón, no sé a muchas cosas que veo en un gustoso desorden, una miscelánea de productos de la tierra, de importación, de aquí y de allá. Me adentro en ese lugar y veo unas escaleras que conducen a un sótano, "antigua fábrica de chocolate" reza en una antigua puerta con unas letras manuscritas, ¿se puede visitar?, por supuesto está restaurada para restaurante. Decidido comeré aquí. Me ha costado elegir ya que puedes empezar por todo lo que tienen en la tienda: jamón, quesos, patés, foies, ensaladas de todos tipos con productos sofisticados tales como vieiras ahumadas o magret escabechado o con lo más sencillo del mundo que es un auténtico tomate de huerta y seguir con un guiso tradicional como capón casero criado a conciencia o un buen chupetón de buey hecho a la brasa y servido en piedra para terminar con una fondue de frutas con chocolate artesano de la zona. Al final he degustado una tabla clásica variada con quesos, patés y embutidos de gran calidad, una ensalada de tomate rosa de Barbastro con ventresca del Cantábrico y un suculento chuletón de buey, mis compañeros de este festín han sido la tenue luz de las velas, la envolvente música y el embriagador ambiente de este sótano tricentenario. Dicen que tengo que volver en otoño para degustar su amplio surtido de setas de la zona y en invierno a probar su guiso de jabalí……………………………………………..También me gustaría volver en primavera.
Llevo cuatro días en Carmen de Arnas disfrutando como bien dice a la entrada de la casa de un cuento romántico; de un cuento romántico en el más amplio de los sentidos: he detenido mi agitada vida, la he paralizado y suplantado por un conjunto de actividades y quehaceres que ya había olvidado, pasear en bici como hacía tanto tiempo que no sabría ni decir cuánto, ir a comprar el pan recién hecho a una pequeña panadería que curiosamente todavía huele a pan, disfrutar desde el patio exterior de un cielo grisáceo surcado de estrellas, ¡Que sencillez tan lujosa!. También he descubierto nuevas sensaciones que no conocía como el maravilloso mundo de los barrancos, cuando desciendes por el río sólo puedes pensar en lo afortunado que eres por poder estar allí.
Hoy ha sido mi último día aquí y he ido a Barbastro, cabecera de toda esta comarca y del Somontano a compra algo de vino para la familia, pero lo que allí he descubierto ha sido un sitio realmente increíble y desconcertante: La frutería-bodega del Vero, me ha asaltado por la calle casi al llegar a La Plaza del Mercado.
He parado a admirar una curiosa exposición de frutas y hortalizas frescas, setas y caracoles sin pensar que allí iba a encontrar el restaurante que andaba buscando. Era el colofón a mi estancia en Carmen de Arnas. Entro a curiosear y huelo a antiguo colmado, a queso del bueno, a jamón, no sé a muchas cosas que veo en un gustoso desorden, una miscelánea de productos de la tierra, de importación, de aquí y de allá. Me adentro en ese lugar y veo unas escaleras que conducen a un sótano, "antigua fábrica de chocolate" reza en una antigua puerta con unas letras manuscritas, ¿se puede visitar?, por supuesto está restaurada para restaurante. Decidido comeré aquí. Me ha costado elegir ya que puedes empezar por todo lo que tienen en la tienda: jamón, quesos, patés, foies, ensaladas de todos tipos con productos sofisticados tales como vieiras ahumadas o magret escabechado o con lo más sencillo del mundo que es un auténtico tomate de huerta y seguir con un guiso tradicional como capón casero criado a conciencia o un buen chupetón de buey hecho a la brasa y servido en piedra para terminar con una fondue de frutas con chocolate artesano de la zona. Al final he degustado una tabla clásica variada con quesos, patés y embutidos de gran calidad, una ensalada de tomate rosa de Barbastro con ventresca del Cantábrico y un suculento chuletón de buey, mis compañeros de este festín han sido la tenue luz de las velas, la envolvente música y el embriagador ambiente de este sótano tricentenario. Dicen que tengo que volver en otoño para degustar su amplio surtido de setas de la zona y en invierno a probar su guiso de jabalí……………………………………………..También me gustaría volver en primavera.
Autor: M.C.M.R.

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